¿Le entregarías las llaves de tu vivienda o tus ahorros a alguien que admite frente a una cámara haber contemplado la falsificación para conseguir dinero? Esta es la asombrosa y grave realidad de Miguel Marzal y Víctor Tapia, las figuras detrás del entramado corporativo TATC Living (TATC Rent and Investments SL*, Noinatra SL, et al) y de quien fue su socio, Álex Rincón (actualmente, Valora Drive).
* Y otras sociedades pantalla que se van alternando en los contratos a los que he tenido acceso; entre otras:
- A Piece Of Glory SL (CIF: B44992758)
- Rent To Rent Barcelona SL (CIF: B13794649)
- Future Plans 4 Business SL (CIF B16834210)
- MCA Ideal Projects (CIF: B42896837)
En su afán por proyectar una narrativa de emprendedor implacable, Marzal confesó textualmente en una entrevista indexada que, en sus inicios,“cogíamos las propiedades que queríamos porque los propios realtos falsificaban la documentación de solvencia“. Alrededor de estas dudosas prácticas, admite haber obtenido un préstamo de 25.000 euros en una entidad bancaria de la cual, según sus propias palabras, posteriormente lo echaron. Tal como documentamos en Miguel Marzal confiesa delitos, este es el cimiento fiduciario de su supuesto imperio.
El historial
A esta insólita confesión de presuntas irregularidades se le suma un historial documentado de temeridad financiera extrema. El actual “CEO” reconoce sin tapujos que, con apenas 20 años, despilfarró 40.000 euros en dos meses —que incluían tanto sus ahorros como capital prestado por terceros— en inversiones impulsivas de trading, criptomonedas y dropshipping en cuestión de meses. Un perfil de impulsividad destructiva que debería encender todas las alarmas para cualquier family office o inversor privado al que hoy TATC Living le prometa una rentabilidad anual del 15%.
Lejos de los focos de YouTube y de sus actuales promesas de alquiler seguro de inmuebles y garantía de pago sin okupas, la realidad operativa de la marca deja un preocupante reguero de clientes insatisfechos. El perfil de Trustpilot de la corporación —que ostenta un paupérrimo 3.2 sobre 5— está inundado de denuncias de consumidores que alertan sobre tiempos de respuesta deficientes, servicio al cliente ambiguo y, lo más grave, la retención sistemática e injustificada de las fianzas o reembolsos. Y al desgaste patrimonial al que se somete a propietarios e inquilinos al sobreocupar sus viviendas mediante el subarriendo múltiple se suma la cuestionable moral del susodicho; algo que comenté en El fracaso de Miguel Marzal.
La alternativa
Para huir de este desastre reputacional y del rechazo de los propietarios a su saturado modelo de Rent-to-Rent, Marzal ha virado hacia una clásica estrategia de monetización de autoridad: vender cursos. Usando como cebo la promesa de invertir en inmuebles con poco dinero, busca captar a un público vulnerable y desesperado por escapar de su rutina laboral, prometiéndoles falsamente conseguir “tus primeras 3 rentas en menos de 90 días”. Y sobre dónde le lleva esta avaricia por la pasta gansa ya hablé en Miguel Marzal: extorsión y estafa.
Finalmente, su nueva estrategia, centrada en inundar las redes con proyectos de Flipping House en Sedaví, Lliria, Villarrobledo o Albacete, obedece al fin de engrosar un sistema que ya no se sostiene solo con Te Alquilamos Tu Casa, renombrada como TATC Living. Ni que decir lo grave que es que la página web de los “flips”, a día de hoy, siga sin explicitar qué razón social está detrás de la actividad. En la línea de la praxis que describo en mi opinión sobre Miguel Marzal en TVE, el viraje actual intenta saturar con relatos a medias las páginas de Google. Habiendo comprado artículos de prensa, no es de extrañar que le interese que los inversores no encuentren las advertencias previas de los afectados y sus propias declaraciones autoincriminatorias.
Así que, antes de ceder tu inmueble a su supuesta “gestión integral”, investiga a quién le estás abriendo realmente las puertas de tu casa.
Y para acabar
Resulta curioso, por innecesario, que TATC gestione tantos perfiles en Idealista (uno, dos, tres…) y que además en uno de ellos aparezca una dirección que figura en algunos contratos con un objeto distinto al uso que nos consta de facto.

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