Ser un tiburón es lo que tiene: hay quien los caza para hacer sopa. Un tiburón no tiene socios, ni pareja, ni una familia funcional. Un tiburón es una rémora de la evolución que ni tiene el graduado escolar ni sabe quién es su padre. Tan limitada es su existencia que no puede concebir a nadie como un igual, salvo a aquellos de quienes rehuye, condenado a existir solo. De ahí que la “mentalidad de tiburón” apele a humanos que, lejos de demostrar una mínima competencia social con su pizca de empatía, resumen sus complejos en una falsa ley del más fuerte donde el más hartero, el máximo exponente de los parásitos que apuñalan por la espalda, se corona rey; del rent-to-rent, o de lo que sea.
Actualización 2/6/2026: el Hotel Meliá regala sillas a Miguel Marzal y él se las regala a una Iglesia Evangelista como un acto de buena fe. Además, eXp Realty y fitness.
Quién es Miguel Marzal para mí
A principios de abril, el Diari Ara se hizo eco de las cuestionables prácticas del autodenominado Rey del Rent to Rent, Miguel Marzal; información que amplié con más pruebas sobre su (presunto) intento de extorsión y estafa hacia mi persona. Algo de impacto tuvo. El caso llegó a TVE, donde me entrevistaron sobre mi relación con Te Alquilamos Tu Casa* (ahora TATCLiving). Hasta el mentado Miguel quiso aportar su granito de arena, alardeando de los potenciales delitos que habría cometido. Pero el sainete no se acaba aquí: ahora resulta que Miguel ha ¿sufrido? un oneroso robo; situación conveniente cuando te exponen e investigan, sub iudice en varios lugares, que de casualidad coincide con que decides regalarle dos pisos a tu madre, ex nihilo, que dicho sea de paso huele un poco a alzamiento (de los corazones frente a Dios Padre, no malpenséis). Lo bonito aquí es que los sueños se han hecho realidad: su madre Eugenia, que es bruja, llevaba semanas emocionadísima con encontrar el éxito financiero.
* El imperio teseráctico de Miguel olvidó renovar tealquilamostucasa.com:

El monje zen que te parte la cara
Pero vamos a darle un viso de credibilidad a esta criatura. Le han robado a él, el depredador, y eso lo convierte en presa. No se atreve a compartir una copia de la denuncia porque seguramente le han robado una horterada, si no es que los depósitos que tantos inquilinos le reclaman, esos que decía guardar en metálico en su despacho, estaban en su casa. De lo que sí es capaz es de darnos un discurso esquizo (lloro 1, lloro 2, lloro 3, lloro 4) en el que igual te perdona que te promete venganza, igual te dice que está jodido que te comenta que esto lo fortalece, igual lleva camiseta o igual no, igual piensa que la voluntad lo es todo como que soñar fuerte te hará el trabajo. Cuestión distinta es la indiscutida reducción de densidad capilar a lo largo de estos últimos años, pero se le vé más fuerte y supongo que aquí el Universo también compensa. En definitiva: una palada de realidad inasumible para un narcisista grandioso.
De lo dicho en los vídeos: no tengo ni idea de cómo una persona aleatoria te decide regalar o malvender el mobiliario de docenas de habitaciones de hotel*, ni la logística ni el coste de mobilizar todo eso. Supongo que nos lo enseñará cuando pase. No es que trate de darse una explicación que lo pacifique, no. Si te pillaste el dedo con la puerta y después te devolvieron el euro del rasca de la ONCE, pues es el Universo, fugura, que te está compensando. O eso piensa alguien que entiende la vida y la economía como juegos de suma cero, que tiene el locus de control en la órbita de Neptuno.
*Dice el mentado que “cuando haces algo que no te lo mereces, el universo te lo recompensa”. Curioso lapsus. Aunque no es el único, porque las “ochenta y ocho habitaciones completas” se transforman en cien al día siguiente. Algo aquí es mentira. Similar a decir que ha comprado cuando es con el dinero de otros. Marca de la casa de Miguel: exagerar.
Lecciones de vida
Si te comportas como un cretino traidor, no puedes extrañarte de que la gente te trate como un cretino traidor. Te van a perseguir; por traicionar la confianza depositada en ti, por si no lo entiendes. No te envidian, simplemente eres detestable porque mientes, haces daño a los demás y te vanaglorias de ello. Indigna la falta de empatía, honestidad, escrúpulos; en resumen, de humanidad. Tal parece tu trauma, tu necesidad de compensar una autoestima que se cubre de horteradas para sentirse Ser, que el sufrimiento ajeno pasa al segundo plano, opacado por un polo Ralph Lauren en homenaje a la ficción de persona que has inventado para velar tu vacío.
Si todas tus amistades son utilitarias, no te sorprendas cuando demuestren ser más utilitarias que amistades. Te van a robar. No es gente que te quiere, son compañías de pago. Y pierdes a la gente buena de verdad porque el trauma te hace incapaz de empatizar, tan obsesionado con compensar.
En su libro Padre rico, padre pobre, Kiyosaki habla de invertir tu capital, no de aprovechar, con subterfugios, la confianza de los demás para que te presten el suyo y lo explotes excediendo los límites del contrato, traicionando tu palabra y generando una continuación de adeudos, premeditados para dificultar perseguirlos, que celebras como victorias. Kiyosaki ha sido una figura polémica, pero nunca escribió algo tan huérfano de moral. Kiyosaki tenía dos padres y algo de moral le dejaron.
Lo que si me gusta es eso de “creedme que cada uno va a recibir su merecido cuando le toque”. Es tiempo de preguntarse si no te estará tocando a ti. Cuestión distinta es si quieres verlo, pero ya sabemos que no hay más ciego que quien no quiere ver. Ahí están las pistas. Conteampla la posibilidad de que esto no te pase por ser especial, ni un elegido, sino más bien un memo. Dañas por tus placeres momentáneos, compulsivos, por esa dopamina que buscas para sentirte en control, ¿y te llamas estoico?
Esto me hace recordar algo que quizá te apele, quizá te la pele, sobre lo que los demás dicen tras conocerte:
Respeta tu decisión de crecer.
Nunca regreses a las personas, hábitos o situaciones que un día te hicieron daño.
Esas versiones antiguas de tu ya no existen, y volver a ellas es traicionarte.
Elige la incomodidad del avance antes que la comodidad de lo que ya te destruyó.
Tu futuro no negocia con tu pasado.
Corta, avanza implacable y protege el estándar que ahora exiges para tu vida.
Así, encerrado en la periferia de su ombligo, el tiburón no entiende el mundo sobre la superficie del mar. Comió gente pensando que era el único que come gente. El arpón lo pilla por sorpresa. No entendió que el mayor depredador es el ser humano.
PD: y nadie te envidia por tener un Lambo, es otra horterada risible.
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Este texto no pretende añadir una nueva imputación jurídica ni sustituir el trabajo de jueces, periodistas o abogados. Es una reflexión personal, necesariamente subjetiva, tras tres años observando y padeciendo un patrón de conducta que, a mi juicio, merece ser explicado también desde sus efectos humanos, económicos y reputacionales.
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