Parece ser que a Miguel Marzal le molesta tanto que “cree webs” (esta que lees se remonta a 2007) que ha preferido quitarse la máscara de empresario resiliente. Tocaba otra pataleta, supongo. Y esto viene a tenor de un mensaje que me mandó tiempo antes, el 7 de agosto de este mismo año:
Hola.
He visto las publicaciones que estás realizando sobre mí. Considero que contienen afirmaciones falsas y gravemente perjudiciales para mi honor y mi reputación personal y profesional.
Te requiero para que ceses inmediatamente la difusión de cualquier contenido sobre mi persona y retires las publicaciones que incluyan informaciones falsas o no acreditadas.
He recopilado todas las publicaciones y, si continúan o no son retiradas, ejerceré las acciones legales que correspondan para la defensa de mis derechos, reclamando también los daños y perjuicios que procedan.
Este mensaje constituye un requerimiento previo para que pongas fin a esta situación. Espero no tener que volver a contactar contigo sobre este asunto.
Pues ok, colega.
Supongo que pretendía asustarme, o algo así. Es ridículo: los “requerimientos previos” van por burofax, firmados por un abogado. Esto es un chorrimensaje por WhatsApp redactado con ChatGPT. Hinchaba el palomo el pecho y le contesté lo que él ya sabe: que lleva muchos burofax sin respondernos, que a ver cuándo juega al Estado de Derecho. La vista de nuestro juicio es en enero de 2027. Que espero que se persone, le dije. No puedo tomarme en serio a alguien que no se toma en serio a sí mismo; quiero decir, tragar con las ínfulas de un niñato.
No contento con eso, la semana pasada redobló la apuesta:
Me consta que estás contactando directamente con personas con las que trabajo y con terceros relacionados con operaciones que tengo en otras ciudades, interfiriendo directamente en asuntos que nada tienen que ver con el procedimiento que tenemos entre nosotros.
Te pido que dejes de hacerlo inmediatamente. Si tienes cualquier reclamación conmigo, puedes hacerla por las vías legales correspondientes, pero no tienes ningún motivo para intervenir en mis relaciones profesionales ni en operaciones en las que tú no eres parte.
Estoy documentando las comunicaciones que estás haciendo, las personas con las que contactas y las operaciones que se están viendo afectadas.
Si continúas interfiriendo en mi actividad profesional, tomaré las medidas legales que correspondan y reclamaré los daños y perjuicios que pueda acreditar.
Por mi parte, no voy a entrar en más discusiones contigo. Te pido simplemente que dejes de interferir en mis asuntos y que cualquier cuestión que tengas conmigo la canalices por la vía que corresponde.
Mira si eres poco hombre y mala persona que no te atreves a acercarte a nuestras oficinas a hablar las cosas, prefieres intentar boicotear y seguir difamando cosas que no son ciertas.
No se si es por envidia, rabia, ira o porque eres un persona frustrada que no tiene vida ni proyectos propios y se tiene que meter con los demas, esta vez te estoy avisando de buena fe, asi que para ya.
Pues ok, colega. Obviemos que soy yo el que te está enviando a “las vías legales correspondientes” y ni apareces. Ahora es psicoanalista y esta vez, justo esta, me avisa de buena fe. Y con faltas de ortografía; todo sea dicho. No esperemos más de alguien que se las da de estoico sin haber leído a Séneca, o a Epicteto, o a Marco Aurelio. Su filosofía vital: frases de azucarillo.
Recordando lo que pasó la última vez que nos reunimos, la conversación se zanjó así:

Y esto es cuanto puedo mostraros de él: la persona tras el personaje. En mi experiencia, claro: cuando el niño ya no sabe fingir ser adulto, pierde los papeles.
¿Moraleja? Por si acaso, no conviene dárselas de duro, no vaya a ser que te soplen en la nuca y se te caiga el culo.
PD: el otro día me llegaron, desde otro móvil, extraños mensajes. La realidad es muy tozuda; se empeña en regalarme absurdos momentos hilarantes. No se qué de un Pigmalión. Tócate los bemoles.